DEMASIADA PROXIMIDAD DE TODO: LA INTIMIDAD EN UN MUNDO SIN DISTANCIAS

Pau Waelder for laboral centro de arte

Con motivo de la exposición Extimidad. Arte, intimidad y tecnología en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma, prosigo con la serie de entradas que exploran los distintos temas que plantean las obras incluídas en esta muestra colectiva. Extimidad reúne una docena de obras de los artistas Gazira Babeli, Clara Boj y Diego Díaz, Martin John Callanan, Grégory Chatonsky, Rafael Lozano-Hemmer, Paul Sermon, Christa Sommerer y Laurent Mignonneau, y Carlo Zanni.

Tras hablar de la (desaparecida) distinción entre lo público y lo privado, voy a abordar en este artículo un segundo aspecto de la extimidad que posibilitan las nuevas tecnologías: la pérdida de las distancias físicas en la comunicación entre dos o más personas. La proximidad física tiene una relación directa con la intimidad, y por ello mantenemos diferentes distancias en nuestra comunicación con otras personas, en función de los vínculos que tengamos con ellas. El antropólogo Edward T. Hall señalaba en su estudio de la proxémica que

“el hombre es un ser rodeado de una especie de campos que se ensanchan y se reducen, que proporcionan información de muchos géneros.” [1]

Hall distingue cuatro tipos de distancia entre las personas, siendo la menor de ellas (entre 0 y 45 centímetros) la que denomina íntima.  La clasificación de Hall (elaborada en 1963) daba por sentado que la comunicación entre dos personas que se ven se produce en un mismo espacio físico, que puede por tanto medirse en centímetros. Sin embargo, hoy en día dicha comunicación se produce de muchas otras maneras, notablemente a través de sistemas de teleconferencia, entornos virtuales, chats, sms y teléfonos móviles, entre otros. Las nuevas tecnologías hacen posible una comunicación en la que las distancias físicas carecen de importancia, algo que ya podíamos afirmar acerca del teléfono, pero que hoy en día adquiere una mayor relevancia y sobre todo alcanza niveles de mayor intimidad. En su conocido artículo ”El éxtasis de la comunicación”, Jean Baudrillard afirma que nos encontramos “en una nueva forma de esquizofrenia”, que sume al individuo en

“… ese estado de terror próximo a lo esquizofrénico: demasiada proximidad de todo, la promiscuidad sucia de todo lo que toca, confiere y penetra sin resistencia, sin un halo de protección privada, ni siquiera su propio cuerpo, que pueda ya protegerle [...] Es el fin de la interioridad y la intimidad, la sobreexposición y la transparencia del mundo que le atraviesa sin obstáculo.” [2]

La sobreexposición a la que se refiere Baudrillard puede experimentarse de una forma muy clara en diversas de las obras que reúne la muestra Extimidad. Arte, intimidad y tecnología. Empleando distintos recursos, los artistas sitúan al espectador en una situación en la que se verá “atravesado sin obstáculo”. Pero no hay ninguna lectura apocalíptica de este hecho, simplemente una exposición a la que cada cual reacciona según su propio criterio.

Inspirados por las transformaciones en la comunicación interpersonal introducidas por los teléfonos móviles, Christa Sommerer y Laurent Mignonneau decidieron explorar la manera en que estos dispositivos han afectado a nuestra intimidad. Mobile Feelings(2003) es una serie de aparatos de comunicación remota que adoptan una forma totalmente ajena a lo tecnológico (un huevo, una calabaza) y proponen establecer un diálogo a la vez íntimo y sin palabras. Cada dispositivo aloja una serie de sensores, motores y una antena Bluetooth que le permite comunicarse con su gemelo. Dos usuarios colocan un dedo en uno de los sensores de sus respectivos dispositivos y al cabo de unos instantes notan una vibración, que corresponde a los latidos del corazón de su interlocutor. Además, pueden echar su aliento en otro de los sensores, que se comunica a la otra persona por medio de un diminuto ventilador. Los artistas pretenden así sustituir la comunicación verbal por la emisión (parcialmente involuntaria) de dos datos vitales como son la respiración y el pulso, consiguiendo además romper la distancia física y transmitir unas sensaciones que sólo pueden percibirse en un intercambio íntimo.

Tal vez el ejemplo más claro de la “proximidad de todo” a la que se refiere Baudrillard la hallamos en el concepto detelepresencia, definido por Marvin Minsky como la manipulación de objetos y herramientas de forma remota por medio de sistemas que permitan sentir aquello que manejamos como si estuviera en nuestras propias manos. Paul Sermon ha desarrollado este concepto en su faceta más creativa por medio de diversas instalaciones en las que, a través de un circuito cerrado de vídeo y efectos de chroma key, consigue unir en un mismo espacio a dos personas situadas en lugares remotos. Telematic Dreaming(1992) fue la instalación pionera con la que desarrolló esta idea: dos habitaciones en dos lugares remotos alojan dos camas idénticas y una serie de monitores. Una cámara, dispuesta encima de la primera cama, recoge lo que sucede en ella y proyecta la imagen en la segunda cama. Otra cámara, situada encima de la segunda cama, recoge la imagen compuesta por la proyección y la presencia real de la segunda cama y la transmite a los monitores en ambas habitaciones. De esta manera, cuando una persona se acuesta en la primera cama y otra en la segunda, ambas se ven compartiendo un mismo lecho, aunque se encuentren a miles de kilómetros de distancia. Sermon ha escogido la cama por ser lo que él define como “un espacio cargado”, culturalmente codificado en todo el mundo como un lugar de reposo e intimidad. La presencia fantasmagórica de la persona que se proyecta en la segunda cama lleva al espectador a experimentar una extraña sensación de proximidad, a “tocar con sus ojos” (como indica el artista) a su compañero/a remoto/a. En este punto, el artista deja a los participantes la libre interpretación de su experiencia, señalando además que tan sólo se considera el facilitador de una situación a la que no impone ninguna lectura.

Otro aspecto que facilitan las nuevas tecnologías es la recogida sutil de datos íntimos de nuestro cuerpo. Los sistemas de identificación y vigilancia pueden captar nuestra temperatura corporal, pulsaciones, captar nuestras huellas dactilares o incluso desnudarnos sin que apenas seamos conscientes de ello. El cuerpo ya no nos protege. En relación a esta captación de los datos corporales que nos identifican, Rafael Lozano-Hemmer propone una interacción que juega con nuestro deseo de exhibirnos. Pulse Index (2010) se compone de una pantalla y un dispositivo en el que debemos introducir el dedo índice. Al hacerlo, un microscopio capta la imagen aumentada de la yema del dedo mientras un sensor recoge el ritmo de las pulsaciones. Ambos elementos se incorporan a la pantalla, formada por un mosaico de imágenes de otros dedos que palpitan según sus propias pulsaciones. La última imagen ocupa la parte inferior de la pantalla, y será reemplazada por la siguiente interacción, desplazándose hacia la parte superior y reduciendo su tamaño a medida que alcanza el extremo superior y desaparece. Un ordenador conserva el registro de todas las imágenes, fichas abstractas de las personas que han interactuado con la pieza. La distancia nuevamente es traspasada por la máquina, que extrae del espectador una proximidad íntima y la expone en el frío anonimato de la pantalla.

La pieza de Lozano-Hemmer, con su paisaje de formas dactilares, nos recuerda que la piel es la última barrera entre el cuerpo y el exterior, algo que expone acertadamente Jacques Derrida en la expresión l’expeausition, combinación intraducible de las palabras “piel” y “exposición”. La exposición de la piel a los estímulos o agresiones del entorno se ve reflejada en la obra The Possible Ties Between Illnes and Success (2006), deCarlo Zanni. Inspirándose en la relación entre la neurosis maníaco-depresiva y el concepto de éxito, Zanni elabora un film de dos minutos en el que se muestra la historia de un hombre afectado de una grave enfermedad y atendido por su compañera sentimental. La enfermedad del hombre puede apreciarse en las manchas que cubren su torso, brazos y rostro, un indicador decisivo en la historia que no obstante está sujeto a constantes cambios. El cortometraje estuvo alojado durante dos años en un sitio web al que era preciso acceder para visualizarlo. Al acceder al sitio, los datos de la IP del espectador eran recogidos por Google Analytics y enviados a un programa que reeditaba el film, añadiendo más manchas a la piel del personaje en función del número de visitantes y su procedencia. La historia por tanto se modificaba en función de la cantidad de personas que la veían, al verse empeorada la condición del personaje cuanto más éxito tenía el film. La mirada se convierte así en una agresión, que somete al personaje a una degradación física, extremo último del “fin de la interioridad y la intimidad.”

La mirada (indiscreta) de una tercera persona motivó la creación de la última pieza de esta selección. El artista Grégory Chatonsky se inspiró en una anécdota cotidiana para crear su obra Se toucher toi (2004):

“Todo empezó en el metro de París. Yo iba con mi novia, nos acariciábamos las manos. La toco, ella me toca a mí, siento su mano y ya no sé quien toca y quien es tocado, siento la frontera difusa de nuestras pieles, pasiva y activa. Hay un mundo entre nuestras manos. Sentimos entonces una presencia externa, alguien nos observa, una mujer cincuentona que está sentada justo a nuestro lado y que parece hipnotizada por la danza erótica de nuestros dedos. La miramos y ella se recompone, un poco perturbada por el hecho de haberse quedado tan extasiada como si asistiera a un acto extremadamente íntimo.” [3]

Esta experiencia le sugiere explorar la posibilidad de proponer al espectador una experiencia táctil que a la vez le es negada. Como he señalado en otro artículo, esta obra presenta al espectador la imagen de dos manos en una pantalla y una peana en la que se aloja una cámara que analiza los movimientos de su propia mano sobre un cristal. En principio, los gestos del espectador activan el vídeo de las manos tocándose, con lo cual tiene la ilusión de participar en ese contacto íntimo, pero pronto descubre que no puede controlar la interacción, esta escapa a su voluntad y le devuelve al papel de voyeur. La distancia entre el espectador y las manos en la pantalla se acorta y luego aumenta infinitamente.

La intimidad se muestra en estas obras como algo mucho más maleable y difuso de lo que pudiera parecer en un principio. Al ser superadas las distancias físicas, la distinción entre yo y el Otro no es tan evidente, el propio cuerpo ya no es un lugar de refugio. Tal vez, volviendo a Baudrillard, vivimos en una “promiscuidad sucia que todo lo toca”, o tal vez tengamos ante nosotros nuevas opciones para formar parte de lo que nos rodea.

 

[1] Edward T. Hall. La dimensión oculta. México-Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2003, 141.

[2] Jean Baudrillard.”The Ecstasy of Communication”, en: Hal Foster (ed.). The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern Culture. Seattle – Washington: Bay Press, 1993, 132-33.

[3] Gregory Chatonsky. Texto del artista en: AA.VV. Extimitat. Art, intimitat i tecnologia. Catálogo de exposición. Palma: Fundació Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma, 2011, 122.

Pau Waelder for laboral centro de arte

PRIVACIDAD 2.0: LO PÚBLICO Y LO PRIVADO EN LA BANDA DE MOEBIUS

Pau Waelder for Laboral centro de arte

Con motivo de la inaguración de la exposición Extimidad. Arte, intimidad y tecnología en Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma, inicio una serie de entradas que exploran los distintos temas que plantean las obras incluídas en esta muestra colectiva. Extimidad reúne una docena de obras de los artistas Gazira Babeli, Clara Boj y Diego Díaz, Martin John Callanan, Grégory Chatonsky, Rafael Lozano-Hemmer, Paul Sermon, Christa Sommerer y Laurent Mignonneau, y Carlo Zanni.

En el blog Vie de Merde, una joven anónima escribe: “Hoy me han parado en un control de policía. El agente verifica mis papeles, los lee con atención y me los devuelve. Esta noche, al conectarme a Facebook, recibo una invitación para ser amiga de este gendarme.” La anécdota resulta graciosa y terrorífica a la vez: los usuarios de Facebook a menudo se encuentran con el dilema de responder a solicitudes de amistad de personas con las que tal vez no quieran compartir información personal, lo cual nos lleva a pensar si es, de entrada, una buena idea publicar intimidades en un medio sobre el cual tenemos un escaso control. Internet, los buscadores, las redes sociales y sobre todo nuestro uso de los recursos que ponen a nuestro alcance las puntocom nos hacen fácilmente identificables y localizables, algo de lo que pocos son verdaderamente conscientes. El usuario medio publica sin preocupaciones información acerca de su vida privada en diversos sitios web, confiando en los confusos acuerdos de privacidad del sitio (que nunca lee) o simplemente restando cualquier valor a la difusión de esos datos sobre su persona, la de su família y amigos.

A lo largo del siglo XX, y particularmente tras la experiencia de los regímenes totalitarios de Hitler y Stalin, que sin duda inspiraron obras como la novela 1984 de George Orwell y el ahora popular personaje del Gran hermano, en la relación entre el individuo y el Estado (o, actualmente, la corporación) predominaba el temor hacia la invasión de la privacidad por parte del segundo, la acción controladora de ese ente invisible sobre el individuo desprovisto de poder y de recursos. El Panóptico, la estructura ideada por Jeremy Bentham en 1785 para vigilar a los reclusos de una cárcel en todo momento sin que éstos pudieran saber cuándo eran controlados, es el modelo de aquello en lo que podría convertirse la sociedad. Sin duda, parte de estos temores se han cumplido, como recordaba en 2007 el festival Ars Electronica bajo el título Goodbye Privacy: en un mundo conectado, estamos sometidos a la vigilancia constante de los propios dispositivos que empleamos (nuestro teléfono móvil, por ejemplo, marca en todo momento nuestra localización geográfica), pero a la vez se crea una cultura de la exposición de lo privado. En la era de la individuación, hay que mostrarse.

Esta exposición de lo privado, de proyección de lo íntimo hacia lo exterior, puede describirse con el término extimidad. El psicoanalista Jacques Lacan introduce el término en 1969 al indicar que en el yo lo más íntimo puede ser externo y ajeno:

“lo que es lo más íntimo justamente es lo que estoy constreñido a no poder reconocer más que fuera” [1]

Lacan emplea la figura de la banda de Moebius, una superficie con una sola cara y un solo borde, para ilustrar la relación ambigua entre interior y exterior en la construcción del yo. Esta misma figura podría definir actualmente la distinción entre lo público y lo privado en una sociedad en la que, por una parte, empresas y gobiernos buscan tener cada vez más datos acerca de los individuos, y por otra los propios individuos tratan de reforzar su individualidad compartiendo la mayor cantidad de datos posibles acerca de sí mismos con un público más o menos abstracto.

Diversas obras incluidas en Extimidad. Arte, intimidad y tecnología exploran temas vinculados a esta paradójica relación entre lo privado y lo público.

En 2008, el servicio Google Street View llegó a la ciudad de Milán, ofreciendo su esperado mapa fotográfico de las calles de la urbe. El artista Carlo Zanni accedió al sitio web para ver las imágenes en 360 grados de su propio barrio y allí descubrió que el coche de la empresa americana le había inmortalizado mientras paseaba a su perro. Impactado por este descubrimiento, decide apropiarse de las imágenes de Google y hacer de ellas una obra de net art que titula Selfportrait with dog. Habiendo trabajado a lo largo de varios años con el género del retrato en la era digital, Zanni hace de esa invasión de su privacidad una afirmación de su individualidad con un sencillo gesto. Posteriormente, decide encargar a una empresa china la realización de tres pinturas al óleo a partir de las imágenes extraídas del sitio web de Google. Según indica el artista, con ello pretende completar el proceso de la pérdida de control sobre su imagen con la pérdida de control sobre la ejecución de su obra, a la vez que realiza una crítica a la práctica de abaratar costes encargando el trabajo a la infatigable mano de obra china.

La obra de Zanni cuestiona la difícil relación entre el individuo como persona con una vida privada y el espacio público en el que habita. En este caso, las personas no son sino un estorbo para el esfuerzo cartográfico de Google, que sin duda preferiría fotografiar calles vacías a difuminar rostros y matrículas, además de enfrentarse a pleitos en diversos países por invasión de la privacidad.

El individuo deja de tener importancia ante el colectivo, se vuelve minúsculo ante los acontecimientos de escala nacional o global hasta el punto en que parece que uno y otro no tienen relación alguna. Grégory Chatonsky reúne lo íntimo y lo global en su obra World State (2008), que ya mencioné en un artículo anterior. En esta narración sin fin, la intimidad de una muchacha que se refugia en su habitación se ve afectada por los datos que recoge la pieza a través de los titulares de la CNN, extraídos en tiempo real de su sitio web. El artista propone así plasmar el “estado del mundo” a través de la combinación de los eventos que nos afectan a escala global y la modesta existencia de una joven que personifica, en cierta manera, un estado anímico planetario.

La conexión que establece Chatonsky entre el individuo y el mundo entero es posible gracias a la transmisión de datos a través de Internet, lo cual nos recuerda que han sido las redes de telecomunicaciones las que más notablemente han permitido la inserción de lo público en lo privado y que el dispositivo que más nos ha afectado en este sentido es el teléfono.

Martin John Callanan ha dedicado dos obras a este aparato que en tantas ocasiones ha facilitado la invasión de nuestra privacidad. Por una parte, International Directory of Fictitious Telephone Numbers (2010) toma como material de base la extensa cantidad de números de teléfono que en diversos países se destinan a ser empleados en ficciones en cine y televisión. A fin de evitar que un espectador curioso marque el número de teléfono que aparece en una escena de un film y contacte con un ciudadano desprevenido, ciertos números (cientos de miles, en algunos países) se reservan a este uso y lógicamente no comunican con lugar o persona alguna. Tras una investigación, Callanan ha elaborado un listín impreso con estos números de teléfono y un teléfono conectado a un ordenador que marca aleatoriamente los números, recibe una señal de número inexistente, cuelga y vuelve a marcar. Este proceso sin fin hace del teléfono una máquina absurda destinada a una comunicación nunca resuelta, puesto que aunque alguna persona respondiese del otro lado de la línea, el aparato sería incapaz de hablar con ella.

Una forma similar de comunicación invasiva y automatizada la encontramos en otra pieza de Callanan, I Am Still Alive (2009), inspirada en el trabajo del artista conceptual On Kawara. De la misma manera en que el japonés enviaba este mensaje certificando su existencia a amigos y directores de museo por medio de postales y telegramas, Callanan propone aquí interpelar al espectador en la intimidad de su teléfono móvil, enviándole el mensaje “Aún estoy vivo” por medio de la red Bluetooth. El mensaje se envía de forma automática desde un ordenador, de manera que la afirmación es absurda, puesto que no es ya el artista quien la hace sino una máquina.

La separación entre lo público y privado se vuelve difusa en estas obras, de manera que tanto si empezamos en un extremo como en el otro, nos vemos abocados, igual que en la banda de Moebius, a encontrarnos en el lado opuesto, un opuesto que en definitiva no existe.

[1] Lacan, Jacques (2008). Seminario 16. De un Otro al otro. Barcelona: Paidós, 246.

Pau Waelder for Laboral centro de arte

Extimitat. Art, intimitat i tecnologia

Catalogue of the group exhibition on digital art curated by Pau Waelder. The exhibition proposes the spectator reflect on the new parameters introduced into the concepts of subject, body and interpersonal relations as a result of the development of new technologies, and how intimacy thus turns into extimacy, to use the term created by Jacques Lacan to define existence. The selection of works, interactive installations that involve the spectator through active participation, brings together renowned international artists: Gazira Babeli, Clara Boj and Diego Díaz, Martin John Callanan, Grégory Chatonsky, Rafael Lozano-Hemmer, Paul Sermon, Christa Sommerer and Laurent Mignonneau, and Carlo Zanni.

The catalogue has been published with a heat-sensitive cover. Includes colour reproductions of the works displayed and critical texts by Pau Waelder, Pau Alsina and Francesc Núñez. 2011, ISBN 978-84-938055-4-8, 184 pages, 23x17cm, Catalan, Spanish, English and German.

Extimacy: the intimate is Other

extimacy

EXTIMACY: ART, INTIMACY AND TECHNOLOGY
Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma
29.01.2011 – 01.05.2011 (opening 28.01.2011)

 

extimacy

GAZIRA BABELI, CLARA BOJ, MARTIN JOHN CALLANAN, GRÉGORY CHATONSKY, DIEGO DÍAZ, RAFAEL LOZANO-HEMMER, LAURENT MIGNONNEAU, PAUL SERMON, CHRISTA SOMMERER, CARLO ZANNI.

Inside the immense flow of data exchange, the new technologies have facilitated an interdependency between the spheres of what is private and what is public, between interior and exterior, leading us to reveal, in an increasingly natural manner, our experiences, thoughts and feelings, enlarging the circle of intimacy to the point of sharing our inner life with the invisible, abstract audience of Internet users. Things personal become collective, things belonging to others become our own and intimacy is no longer something that is preserved and kept in our innermost circles, but something that is projected in all directions in an eccentric movement. Thus intimacy turns into extimacy, to use the term created by Jacques Lacan to define the existence, within the most intimate sphere of the I, of a “foreign body”, that which is external to the individual and with which one identifies.

We need to share our intimacy because what we are is defined both by our subjectivity and by what surrounds us. In the realm of digital art, several artists have worked with the new parameters of subject, body, interpersonal relationship and intimacy introduced by the new technologies. Their works enable us to initiate a reflection on the ways in which the mobile phone, e-mails, chats, social networks and instant messaging systems modify, increase or condition our communication with others. They also allow us to consider where the boundaries of our personal space lie, where our “I” ends and that of others begins.

Extimacy. Art, intimacy and technology” is a group digital art exhibition which puts forward a proposal that spectators reflect on these concepts through the presentation of works by recognised artists from the international scene. Interactive installations, mainly, that involve spectators in what is active participation with the work, which never ceases to be a piece with its own identity, the fruit of the firm artistic background of creators who combine art and technology in their work. In an era in which the user adopts an active role in the diffusion and manipulation of information on the global network (known as web 2.0), in art, too, a change in roles between spectator and work is taking place, with interactive art as the best expression of this new paradigm. The works of some great names from this sphere, such as Christa Sommerer and Laurent Mignonneau, Rafael Lozano-Hemmer or Paul Sermon, for instance, are combined with the creations of promising artists like Gazira Babeli, Clara Boj and Diego Díaz, Gregory Chatonsky, Carlo Zanni or Martin John Callanan. All of them exhibit the multiple facets a concept as complex and at the same time as simple as extimacy can present, from different angles and with diverse intentions.

Read the Extimacy exhibition guide [PDF]

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